Siempre he sido consciente de que somos pasajeros, de que la vida es algo efímero que en cualquier momento se va. Tengo la suerte de no apegarme demasiado a las personas o eso creo, intento vivir mi vida disfrutando cada momento y siendo consciente de cada uno de ellos para que mi experiencia sea lo mas placentera posible, pero cuando se trata de la familia, esas personas que han estado a tu lado cada momento de tu dura niñez para enseñarte a dar tu primer paso, esas caras que veías a diario al despertar y que solo esperaban que tu abrieras los ojos para regalarte su sonrisa y brindarte momentos de alegría y disfrute cuando tu apenas sabias lo que estaba pasando, que poco a poco se metieron en tu vida y se quedaron allí sin ser invitados e incluso cuando tu no los querías en ella, que cuando estabas enfermo se preocupaban por ti y hacían lo posible por aliviar tu dolor, por verte sonreír de nuevo, por ayudarte a levantarte y a seguir adelante. Esas personas que sin querer se metieron en tu corazón y que no importa si llevas 6 años sin verlas tu te aferras a los 20 años que si pasaste a su lado y te aferras a su sonrisa a su mirada a su abrazo a sus palabras y a todo el amor que te dieron sin pedir nada a cambio, lo especial de esas personas es que tu no esperabas nada de ellas y sin embargo ellas te dieron todo y eso tiene un valor incalculable.